En Barranquilla hoy no suena cualquier trombón… suena nostalgia.
Falleció a los 75 años Willie Colón, leyenda absoluta de la salsa, arquitecto de un sonido que cruzó el Bronx, pasó por el Caribe y se quedó viviendo en el corazón de Colombia.
El trombón mayor partió tras complicaciones de salud en Nueva York, pero en esta esquina del mapa, donde la salsa se baila con sudor y elegancia, su música no se apaga. Aquí no se despide con silencio… se despide con vinilo.
El hombre que le dio carácter a la salsa
Nacido en el Bronx en 1950, hijo de puertorriqueños, Willie creció entre barrio y trombón. Desde los años 60 se convirtió en pieza clave del movimiento que explotó bajo el sello de Fania Records, esa maquinaria que convirtió la salsa en fenómeno mundial.
Su alianza con Héctor Lavoe fue dinamita pura. Discos que hoy en Barranquilla son reliquia de colección. Porque aquí, en los estaderos salseros, en los picós que suenan en los barrios o en los coleccionistas que cuidan sus LP como oro, Willie no era extranjero… era de la casa.
Colombia lo adoptó como propio
No es cuento. Barranquilla fue uno de los lugares donde la salsa de Willie Colón encontró una segunda casa. “Idilio” y “Gitana” sonaron en carnavales, verbenas y fiestas familiares durante décadas. Y “El Gran Varón” se convirtió en himno obligado en emisoras salseras de la ciudad, no solo por su ritmo, sino por el mensaje social que lanzó cuando nadie quería hablar del tema.
Barranquilla, tierra de metales que revientan el aire, siempre tuvo debilidad por ese trombón potente y callejero. En más de una visita, Willie dejó claro que el público currambero era de los más fieles y conocedores del género. Aquí no se baila salsa por moda. Aquí se vive.
Más que músico, líder con voz propia
Colón no fue solo artista. Fue activista, candidato político y defensor de la comunidad latina en Estados Unidos. Siempre frontal, siempre opinando. Un tipo que entendía que la música también es identidad y resistencia.
Y esa identidad, en Barranquilla, conectó fuerte. Porque esta ciudad también es mezcla, herencia y orgullo cultural. La salsa aquí no es importada, es patrimonio emocional.












